miércoles, 18 de noviembre de 2009

OMAR ARMO ROMA

Solo el caminaba a esa hora de la noche. eran el, su pasado, y su
futuro, sin saber a donde ir. Estaba solo, con su cigarro en la mano. Sin
saber nada, solo pensar. Su caminar no existía, era automático, inconsciente,
parecía no moverse. Se movía al ritmo de sus pensamiento.
Pensó en su mujer, en sus hijos, en esa vieja novia, cuyo nombre ya
no recuerda por culpa del paso del tiempo. Pero un su mente le parecía
mirar sus ojos, unos ojos azules, que el amor le hacia ver mas hermosos aun
de lo que eran, su boca; el contorno.
No sabia porque de pronto recordó el nombre, y nunca supo porque
comenzó a pensar en ella. Habían pasado 19 años de la ultima vez que la vio,
de la ultima vez que supo que por lo menos vivía. Tampoco recuerda porque
la dejo de ver, para el el tiempo no paso, fue solo un parpadeo.
Siguió caminando, o al menos moviendose, ya había avanzado bastante
pero no se detenía, perecía no tener un verdadero destino. Y así con la
falta de realidad que creía tener, siguió. No le importara nada y nadie
le importaba el.
Omar no paro, un paso tras otro, comprometido, compenetrado.
Comunicado con todo y con nada. Caminando solo y ya sin pensar, pero en un
solo movimiento se detuvo, observo a su alrededor, sin mirar nada en
especial.
Pero algo parecía llamarle le atención, dio solo 2 pasos, parándose
en frente a una casa, una casa muy vieja y deteriorada, con una puerta muy
grande y con todas las ventanas tapiadas. Con las paredes sin pintura.
Y mas allá de la fealdad de la casa su mente no se desprendía de ella.
Muy de a poco, se acerco cada vez mas a la casa. Tomo el pestillo y
lo giro, sin creer que podría abrir esa puerta. Pero no fue así, la puerta
se abrió y entro.
La puerta se cerro detrás de el y entro en es lugar sucio, con
papeles en el piso, papeles con letras sin sentido, con partes de poemas y
cuentos que no existen.
Miro a su alrededor sin encontrar a nadie, pero sentía que el lugar
le pertenecía. Se sentó en el piso, se recostó contra una pared como si su
cuerpo no le respondiera.
Mientras las ideas no paraban de surgir, pensaba en cosas que no
recordaba. Con una suave brisa mas fuerte que un tornado se cerro la
ventana, y con ella también se cerraron sus ojos. Afuera llovía, en el
lugar solos se escuchaban los truenos, se escuchaban los truenos y sus
pensamientos que parecían salir de su cabeza y tumbarse contra la pared.
Sentía que alguien lo buscaba. Podría ser su familia, ya que ni el
recordaba cuando, a que hora, o de donde salio. Podrían ser sus padres de
los que ya no se acuerda. Podría ser el mundo que no recuerdo su nacimiento.
Y eso tampoco tampoco le importo. Encontró un velador, que parecía
estar allí para que lo vieron. Prendió un cigarrillo, y con el mismo fósforo
encendió el velador; que era signo de la luz que no había, ni en la
habitación, ni en su mente.
El humo salia de su boca como palabras, esas palabras que no podía
decir...

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